¡Lula da Silva de la cárcel a la presidencia! 

“Cuando te conoces a ti mismo y conoces a los demás, la victoria no es un peligro; cuando conoces el cielo y la tierra, la victoria es inagotable.” Sun Tzu

Desde sus luchas sindicales y su oposición abierta al régimen militar, desde que Lula da Silva se afilió a la agrupación de trabajadores metalúrgicos, sin tener la política como su objetivo primordial, al pasar a ser sindicalista por la golpiza que recibió su hermano por ser miembro del partido comunista en ese momento proscrito por la dictadura, que se instauró con el golpe de Estado de 1964 contra el gobierno João Goulart, imponiéndose así el conservadurismo más radical de Brasil y se designó de forma interina en la presidencia del país al presidente de la Cámara de Diputados de Brasil, Ranieri Mazzilli, para dar paso a una serie gobernantes dictatoriales. Desde ese momento, Luiz Inácio Lula da Silva asumió el ejercicio político como la herramienta para las transformaciones sociales que demanda la sociedad brasileña.

De ahí en adelante el régimen militar que constriñó a los brasileños durante 21 años desde 1964 a 1985, con presidentes militares o una serie de dictadores al servicio de los sectores del poder fáctico brasileño, desde el primer dictador de ese periodo, Humberto de Alencar Castelo Branco, luego asumió su sucesor Artur da Costa e Silva, siendo este sustituido por Emílio Garrastazu Médici, luego encabezó la dictadura Ernesto Geisel y finalmente João Baptista Figueiredo, porque en 1985 en una elección indirecta con candidatos civiles salió victorioso, Tancredo Neves con el deseo de volver a la democracia y así finaliza la autoridad ilegitima, donde Lula da Silva junto a figuras como Ulysses Guimarães, Fernando Henrique Cardoso y otros más fueron figuras claves para la vuelta a la democracia brasileña.

Inmediatamente formalizado el Partido de los Trabajadores (PT), Lula da Silva compite en las elecciones de 1989, la primera de elección directa, ya que las de 1985 fueron de voto indirecto y con la fatídica particularidad que Tancredo Neves murió antes de asumir el cargo y quien gobernó su mandato, fue su vicepresidente José Sarney. En las elecciones de 1989, Lula da Silva perdió ante el periodista y candidato conservador del Partido de la Renovación Nacional, Fernando Affonso Collor de Mello, quienes pasaron a la segunda vuelta electoral al no llegar ninguno al 50 % de los votos y en la segunda vuelta Collor de Mello obtuvo el 53 % ante un 47 % de Lula da Silva.

Luego de que, en 1991, estallaran las denuncias de corrupción del gobierno encabezado por Fernando Affonso Collor de Mello, surgió el movimiento Cara Pintada, donde Lula da Silva tuvo el rol prepondérate en la oposición contra dicho gobierno y lo proyecto para las venideras elecciones de 1994. Producto de estas protestas se logró que Collor de Mello dimitiera de la presidencia y fuera sustituido por el vicepresidente, Itamar Franco quien completó su mandato presidencial.

En las elecciones del 94, Lula da Silva perdería de Fernando Henrique Cardoso al igual que en las elecciones de 1998. Cardoso que fue militante de izquierda asumió posturas conservadoras, ocupó las posiciones de ministro de Hacienda y de Relaciones Exteriores durante el gobierno de Itamar Franco. El gobierno de Cardoso estuvo plagado de denuncias de corrupción administrativa, pero fue quien inició la transformación económica brasileña con su Plan Real, dejando los cimientos para la revolución económica y social que encabezó Lula da Silva, al ganar las elecciones del 2002 contra el sucesor elegido por Cardoso, José Serra y asumió en el año 2003.

Lula da Silva asume el gobierno con la deuda externa por las nubes y el real, su moneda de curso legal en Brasil, devaluada y dando paso al peor de los males como la especulación y vislumbrando que el quiebre económico brasileño era inevitable.

Cito un fragmento del artículo, autoría de Germán Padinger publicado  en la BBC mundo en fecha 30 de septiembre de este año, Así fueron los 8 años de Gobierno de Lula da Silva en Brasil: “Durante la primera presidencia de Lula, Brasil, un país rico en recursos naturales y tierras agrícolas, que se encuentra además en proceso de industrialización, se benefició de los altos precios de las materias primas y el gobierno no sólo evitó el default de su deuda sino que administró un crecimiento sin precedentes del PIB, de la mano del apreciamiento del real y el aumento del empleo. La política económica de Lula para acompañar este crecimiento de las exportaciones fue celebrada en ese momento por los mercados: reducir el gasto, pagar la deuda, achicar la burocracia y favorecer a los emprendedores.”

Otro logro de Lula da Silva fue la reducción de la pobreza, la cual tenía la medida por el umbral de ingresos diarios de hasta US$ 2.15 según la línea internacional de la pobreza, pasó de 11.7 % a 6.1 % en 2009. Medida según el umbral de US$ 3.65 de la línea de pobreza para economías de ingresos medios-bajos, la caída fue de 25 % a 15 %.

Llevó a Brasil al escenario mundial como una potencia económica al formar parte del grupo de los BRICS, (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica), dicho acrónimo es usado para identificar las economías emergentes de países con grandes dimensiones geográficas y de aspectos demográficos.

Estas conquistas económicas y sociales no se mantuvieron en el gobierno de su sucesora, Dilma Rousseff, la cual fue destituida en aquel juicio político, que laceró la democracia brasileña, sustituida por su vicepresidente, Michel Temer. De ahí en adelante tomo su curso el golpe suave contra el PT y la persecución contra Lula da Silva encabezada por el fiscal parcializado, consagrado por sentencia, Sergio Morro, por el escándalo de Petrobras y su condena que lo sometió a la cárcel.

Inmediatamente lo martirizaron, comenzó el camino de retorno al poder, ejemplos hay de sobra; Fidel Castro condenado por el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, con su condenadme, no importa la historia me absolverá, 6 años después, el 31 de diciembre de 1959 bajo de la Sierra Maestra para reclamar el poder ilegitimo, que ostentaba el dictador Fulgencio Batista; por igual Hugo Chávez, con su por ahora, en la intentona golpista del 4 de febrero del 1992. El caso de Pepe Mujica y su noche de los 12 años, preso por su rol en el movimiento guerrillero de Liberación Nacional-Tupamaros; por igual, los 27 años de apresamiento injusto de Nelson Mandela por su lucha contra el apartheid, todos desde la cárcel a la presidencia y este próximo 30 de octubre, Lula da Silva podría pasar a formar parte de este listado de hombres de Estado.

Con miras a la segunda vuelta electoral brasileña, Lula da Silva obtuvo 57,259,504 millones de votos para el 48.4 %, ante 51,072,345 millones de votos para el 43.2 % de Jair Bolsonaro.

Lula Da Silva cuenta con el apoyo de los candidatos que quedaron en tercer y cuarto lugar, respectivamente, Tebet obtuvo 4.2% equivalente a 4,915,423 de votos más el caudal que sacó Ciro Gomes, un 3 % equivalente a 3,599,287 de votos, para aportar un caudal de 8,514,710 a los 57,259,504 que sacó el PT en la primera vuelta. Hasta ahora Bolsonaro solo ha recibido el apoyo de un gobernador y del candidato presidencial, Padre Kelmon que a duras penas obtuvo o.1 %, para un equivalente 81,129.

Con el escándalo de corrupción denunciado por Simone Tebet del gobierno de Bolsonaro, sobre el supuesto doble presupuesto y la reducción de fondos en aspectos neurálgicos para el desarrollo económico de Brasil, la situación se ha complicado para Bolsonaro en la recta final. Por demás, The Economist que hace apenas dos semanas daba un empate con miras a la segunda vuelta electoral, 50 % a 50 %, le acaba de otorgar una ventaja de 4 puntos porcentuales a Lula da Silva 52 % a 48 %.

Podría decirse que para este domingo 30 de octubre, la suerte esta echada en el hermano país.

Creo prudente concluir con esta frase lapidaria de Martin Niemöller, ya que Bolsonaro no pudo comprender que el radicalismo en un país con tanta diversidad racial y cultural como Brasil, no aglutina voluntades favorables, citó: “Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.”

Por; Jesús M. Guerrero